Cuadro de situación: Martes. 23.05 horas. Lluvia. Inmediaciones de la estación Plaza Constitución. Desolación. Temor de inseguridad. Pasos rápidos. Niños Poxiran. Realidad cruda de la Ciudad de Buenos Aires. Se rompe el silencio. Un policía aparece y se interpone en el camino.
Oficial N°1: - Deténgase.
Anónimo (Soy yo, pero no digan nada): - Sí, ¿Qué pasó?
Oficial N°1: - Documentos, por favor.
Anónimo: - … Un segundo.
(Incertidumbre total. Mirada panorámica de 360°. Sudoración. Preguntas mentales inmediatas: ¿A quién maté si recién me bajé del bondi? ¿Me venían siguiendo? ¿O será que se habrán dado cuenta de que le estaba mirando el culo a esa mina?)
Oficial N°1: - Mmm (Los mira detenidamente)… Está bien.
Anónimo: - Bueno… (La frase completa sería: “Bueno, nos vemos”)
Oficial N°1: - Va a tener que acompañarnos como testigo a un allanamiento en el Bajo (NdeR: Bajo Flores, epicentro del comercio ilegal porteño).
Anónimo: - ¿EH?
Oficial N°1: - Un allanamiento por narcotráfico, nos tienen que acompañar como testigos.
(Ahí aparece en escena una tercera persona, es decir un segundo testigo)
Segundo Testigo: - No, yo me tengo que ir. ¿Justo a mí? Pará a otro gil. Mañana tengo que laburar.
Oficial N°1: - Yo estoy trabajando ahora. ¿Te pensás que no me gustaría estar en mi casa? Tienen la obligación de acompañarnos y salir como testigos. En dos o tres horas estamos de nuevo. ¿Dónde vivís?
Anónimo: - En Banfield. ¿Cómo dos horas? ¡No puedo!
Segundo Testigo: - Yo me voy, deme el documento. (Y arrojó algunas puteadas al aire en lenguas extrañas, que bien podrían haberse tratado de arameo, quechua o guaraní chaco-formoseño)
Oficial N°1: - No, tiene la obligación de acompañarnos señor.
Anómino: -(con mucho tono de pobrecito) Pero mañana entro a laburar a las 7. ¿No me puedo ir?
Oficial N°1: - No.
Anónimo: - Mire, vengo de la facultad. (Muestra empírica de apuntes en mano). Por favor...
Oficial N°1: No.
Anónimo: - Pero estuve todo el día en la calle, estoy todo mojado… (Apenas lloviznaba)
Oficial N°1: - No.
Anónimo: - Por favor, después no tengo como volverme a mi casa. Tengo los pies mojados…
(Ésta ahora que la leo, fue muy cursi. Peor hubiese sido si le preguntaba si después me podían alcanzar porque me quedaba sin trenes)
Oficial N°1: - No, no insista. Acomódense por este patrullero.
Anónimo: - Pero, ¿sí o sí tengo que ir? (Pregunta clave)
Oficial N°1: - Sí, es su obligación. (Respuesta clave)
Entra en escena un segundo oficial, quien hacía las veces de conductor del vehículo y por lo poco que se podía deducir en ese contexto era quien estaba a cargo.
Oficial N°1: - Listo, vienen ellos. (Como si hubiésemos deseado desde el mismísimo vientre materno estar en esa configuración espacio-temporal)
Oficial N°2: - Oka. (así lo pronunció)
(Toma los documentos, que los tenía el otro policía. Los mira. Me mira. Lo miro. Nos miramos)
Oficial N°2: - Vos no, sos muy pibe. Tomá, andate. (Me entrega la cédula)
Anónimo: - Buenísimo. (Un “buenísimo” que también podría haber sido “Matanga”)
Creo que si hubiera una banda sonora que acompañara ese momento sería “Himno a la alegría” o “Carrozas de fuego” (La del Mundial Italia ´90 también, pero sólo porque me gusta). Se me infló el pecho y sentí una sensación sólo comparable con gritar un gol. Tomo la cédula, gambeteo el improvisado cordón policial, giro la mirada hacia el Oficial N°1, una mirada muy de “Tomáaaaaaaaaa” con voz de Guillermo Francella (“Emiliooooo”), y emprendo una micro corrida hacia el interior de la estación. No volví a mirar hacia atrás, por lo que desconozco el desenlace. Encuentro el tren que me lleva a destino, subo a él, busco una ubicación, apoyo la cabeza en asiento y pienso: “¡Cómo zafé!”
Pero ahora, la reflexión es otra: ¿Cómo funciona ese tipo de procedimientos? ¿Dónde estará en este momento el otro testigo? ¿Es realmente una obligación ir?
Estas respuestas (y un poco más de parte periodística) en la Parte II. Promesa.
Posteado 17-08-11